Tú decides si quieres cobrar pensión con tu voto

“La gente de 30 y 40 años tendrá que decidir con su voto si quiere o no cobrar la pensión”

Entrevistamos al Catedrático de Economía Santos M.Ruesga para saber cuáles son las verdaderas expectativas sobre nuestra jubilación
Foto: Santos M. Ruesga. (Congreso de los Diputados)
 Santos M. Ruesga. (Congreso de los Diputados)

Si el debate sobre el sistema de pensiones ha estado siempre de actualidad, las dudas que se han generado sobre el modelo público tras la crisis lo han transformado en un tema de primera plana. España en particular y Europa en general se encuentran inmersas en un continuo proceso de reforma. Desde un punto de vista temporal los desafíos son distintos: a corto plazo los retos son económicos, mientras que en unas decádas los desequilibrios demográficos que se pueden producir hacen dudar a muchos de la viabilidad de todo el modelo.

 

Los autores del libro ‘¿Cobraremos la pensión?’ (Editorial Pirámide) aseveran que no desean alarmar con el título, aunque es importante plantear esta pregunta para saber de verdad hacia dónde nos dirigimos. Para abordar los temas de fondo, así como el futuro de nuestro sistema, hablamos con Santos M. Ruesga, Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autonoma de Madrid, y uno de los coordinadores de dicho trabajo. Este profesor fue el único de los 12 miembros del comité de expertos que votó en contra del informe en el cual se basó el Ejecutivo para reformar las pensiones en 2013. De sus palabras se deduce una idea que muy pocos especialistas expresan: a pesar del determinismo pesimista que se ha apoderado de este asunto, y de que una corriente de pensamiento está ganando la batalla, los ciudadanos tienen todavía mucho que decir sobre sus jubilaciones.

PREGUNTA. ¿El sistema de pensiones públicas está realmente en crisis o se ha buscado, de alguna forma, que llegara a esa situación?

RESPUESTA. Como sucede con todos los modelos, las pensiones están sujetas a tensiones. El problema no es tanto dicho sistema, sino cómo compensar los cambios que se han producido en la economía para que siga funcionando. Es posible mantenerlo, aunque las transformaciones económicas, demográficas, etc. van a generar conflictos. El modelo puede valer, tiene unas características positivas y ha funcionado razonablemente bien, con errores que se han ido corrigiendo. Podemos seguir esa senda si las fuerzas políticas se ponen de acuerdo en cómo solventar los problemas que han surgido para que el modelo siga manteniendo sus pilares esenciales. El sistema tiene un déficit y hay dos formas de cubrirlo: o aumentamos los ingresos o disminuimos los gastos. Si queremos reducir mucho por el lado del gasto no hay otra opción que bajar las pensiones, que es lo que han hecho las reformas, sobre todo la del 2013. Lo que algunos decimos es que esa es una decisión política y no técnica.

P. En el libro ‘¿Cobraremos la pensión?’ varios autores aseguran que el deterioro de las jubilaciones tiene un fondo ideológico. El debate, sin embargo, parece encontrarse hoy en el terreno de las cifras. ¿Los datos que justifican la insostenibilidad de las pensiones tienen poco de neutrales?

R. En realidad los datos son los datos, y sí es cierto que estos dicen que hay un déficit en la caja de la Seguridad Social desde hace algunos años. Otra cosa es la interpretación que hacemos. Si asumimos que los ingresos solo se pueden obtener por cotizaciones, el déficit se va a mantener. El ritmo del crecimiento del gasto ha ido superando el ritmo de crecimiento de los ingresos, algo que en etapas anteriores no ocurría, y ahí es donde hay que ver qué está determinando el fenómeno.

El modelo se tiene que financiar con las contribuciones de toda la sociedad, no solo de quien tiene un salario

La evolución de los ingresos ha caído de forma espectacular durante dos periodos: uno en que los cotizantes disminuían por el ascenso del paro y otro en que el paro se ha ido estabilizando, pero han caído los salarios. Esto hace que la coyuntura de déficit sea bastante grave y que la tendencia se pueda mantener en el futuro si no se hace nada, si no se buscan fuentes alternativas. Todo esto tiene ver con decisiones políticas: si los salarios se están moderando, ello guarda una relación directa con los elementos que se introdujeron en las últimas reformas.

P. El fondo de reserva se encuentra prácticamente agotado, ¿qué sucede ahora?

R. La hucha de las pensiones se ha liquidado porque la evolución del déficit ha sido más rápida incluso de lo que se preveía. Era un fondo que no era para tirar cohetes, pero llegaba a cubrir seis o siete meses de gasto, tenía una entidad relativamente importante y era de los fondos públicos más elevados de Europa. El agotamiento nos dice que hay que buscar fuentes alternativas de financiación, porque si no tienes hucha, a partir de julio de este año ya tendremos un problema de caja. Hay que dotar al sistema de otros ingresos, como emitir deuda pública, porque no nos va a llegar con lo que tenemos ahora. Hay que buscar un equilibrio, no solo por el lado del gasto, como se ha hecho, sino por el de los ingresos.

Decidan ustedes si quieren poner algo más, quitarlo de otro sitio, aumentar la presión fiscal, subvencionar o no ciertas cosas…

Las pensiones son algo más que un salario diferido, hay unas 150.000 familias y cerca de medio millón de personas afectadas que viven exclusivamente de una pensión. Las pensiones juegan un papel, por tanto, más relevante, incluso, que el de un sueldo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que el componente de solidaridad que tiene el sistema debe desplazarse hacia los ingresos y hacer que el modelo se financie con contribuciones de toda la sociedad no solo de quien tiene un salario. El discurso de que la Seguridad Social tiene que ser un ente completamente autónomo es un problema. Desde un punto de vista de gestión, estoy de acuerdo, pero los ingresos no tienen por qué ser solo contributivos.

P. A corto plazo se asegura que el problema no es demográfico, sino laboral: no faltan trabajadores, sino puestos de trabajo. ¿Las propias reformas que hemos sufrido están acabando con las pensiones?

R. En la medida en que no han permitido crear un sistema más eficiente que aumentara la productividad y los salarios y contribuyera a financiar las pensiones, sí. Las reformas están haciendo que la financiación sea más compleja. Hemos crecido a lo ancho, pero no a lo alto. Hemos metido más empleos de baja cualificación que no permiten tirar hacia arriba.

Los sistemas privados van a funcionar cuando no lo haga el modelo público. Esa es la intención última de ciertas fuerzas

Las reformas no se han hecho para crear un sistema productivo más eficiente, sino para controlar el crecimiento de los salarios y para que el coste para las empresas sea menor. Como el componente fundamental de financiación de las pensiones son precisamente los salarios, los ingresos se han resentido y todo esto, además, en términos de crecimiento, aporta poco.

P. A largo plazo, sin embargo, sí se presenta un problema demográfico, con muchas personas jubiladas y pocas en edad de trabajar. Las personas que tenemos treinta o cuarenta años, ¿podemos confiar todavía en el sistema público o es mejor que nos vayamos haciendo un plan privado?

R. Eso depende de a quién votéis. Es un problema de decisión política. Si la gente vota por alguien que apuesta por reducir el sistema, tendréis que buscaros la vida. El sistema puede sobrevivir, aunque es verdad que se encarece cuando aumenta el número de los que acceden a él. Se trata de explicárselo bien a la gente: vamos a tener más pensionistas, por lo que si usted quiere cobrar una jubilación equivalente a la actual, y mantener la capacidad de compra, se tienen que dedicar más recursos, por lo menos hasta el año 2050. Por tanto, decidan ustedes si quieren poner algo más, quitarlo de otro sitio, aumentar la presión fiscal, no subvencionar ciertas cosas y dedicar el dinero a otros fines… Decidan. El mensaje “machacón” es: “El sistema es insostenible, busquen pensiones complementarias”, los sistemas privados de pensiones van a funcionar cuando deje de funcionar (porque así lo hemos decidido) el modelo público. Esa es la intención última por parte de ciertas fuerzas políticas. Ahora, el grado de equidad que tiene el sistema público no lo va a conseguir uno privado.

Santos M. Ruesga con Cándido Méndez y Marcos Peña. (EFE)
Santos M. Ruesga con Cándido Méndez y Marcos Peña. (EFE)

 

P. Sin embargo, a pesar de las malas expectativas demográficas, se está legislando en toda Europa contra una de las soluciones que podría paliarlas: la inmigración. ¿Estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado?

R. Si somos capaces de hacer una economía más dinámica, la situación nos va a obligar, como lo hizo en los años noventa, a abrir las puertas a la inmigración porque no teníamos suficiente mano de obra para alimentar un modelo con un crecimiento tan rápido.

Hay que revisar todo el sistema fiscal. Tenemos un modelo, aquí y en todo el mundo, que lo carga todo sobre las rentas del trabajo

Sin embargo, desde el punto de vista político pesan más los conflictos a corto plazo, y la exacerbación de cierta xenofobia, que las expectativas a largo plazo. Si tú esperas que tu economía crezca, vas a necesitar mano de obra cualificada, ¿Que hay conflictos? Bueno, nada es gratuito. No obstante, si no planificas todo esto con tiempo, lo que acabará entrando en el futuro es mano de obra poco cualificada que, además, vas a tener que formar.

P. Hablar de futuro es hablar también de robotización. Si los empleos se reducen por las nuevas tecnologías, ¿puede ser esta la puntilla final para el modelo de pensiones?

R. Hay que revisar todo el sistema fiscal. Tenemos un modelo, aquí y en todo el mundo, que lo carga casi todo sobre las rentas del trabajo. Si nos imaginamos un escenario donde el empleo es cada vez menor por la robotización, las rentas de capital, sin embargo, tendrán que aumentar. Los robots son eso: capital, y lo que se va a hacer es sustituir trabajo por capital. Esto ha ocurrido desde que el capitalismo es capitalismo, es inherente al sistema. En la medida en que haya menos trabajo, el origen de las rentas debería cambiar, habría que reordenar el sistema fiscal según esa tendencia. Si esperamos que las pensiones se paguen solo con las rentas del trabajo: apaga y vámonos. Otras fuentes de renta tienen que ir soportando una carga mayor. No obstante, yo no creo que el trabajo vaya a desaparecer. Los robots no van a sustituir mucho más trabajo de lo que sustituyeron las máquinas agrícolas de principios del siglo XX. Y no pasó nada. Más sustitución de mano de obra de la que hace una cosechadora no la hace un robot. ¿Cuáles fueron los ajustes que se utilizaron en aquella época? La creación de otros sectores y la reducción de la jornada laboral. Ese es el camino, el proceso de destrucción-creación: destruyes empleo en ciertos sectores y creas en otros, fundamentalmente en los servicios. Si eso se hace con cierto orden no es un problema. Lo que hay que plantearse también es si hay que rebajar la jornada laboral en la medida en que tu productividad crece, cosa que ya han hecho algunas sociedades.

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