El futuro de Barcelona y Madrid, si no se corrigen, no es bueno

La deseconomía de las grandes ciudades: la cara oculta de Madrid y Barcelona

Las grandes regiones urbanas atraen cada vez más población y actividad, pero también son polos de desigualdad, criminalidad y problemas derivados de la ‘paradoja urbana’
Foto: La ciudad de Madrid suele tener altos niveles de contaminación. (iStock)
La ciudad de Madrid suele tener altos niveles de contaminación. (iStock)

Las grandes ciudades son el motor de crecimiento de cualquier país. La literatura económica ha demostrado en innumerables ocasiones que las urbes son el centro de la innovación, la riqueza y el desarrollo. Es ahí donde las economías de escala lucen en todo su esplendor. Sin embargo, lo que no se ha analizado con tanto detalle es la deseconomía que generan, esto es, los efectos negativos derivados del crecimiento de las ciudades.

Es lo que se conoce como la ‘paradoja urbana’, que son todos los efectos negativos derivados del crecimiento de las ciudades que reducen la calidad de vida y limitan su crecimiento. En España son Madrid y Barcelona las dos ciudades que concentran estos efectos negativos de las deseconomías de escala, ya que el resto no tienen tamaño suficiente para sufrir estos problemas. Un estudio de BBVA Research, ‘Tendencias en la urbanización: riesgos y oportunidades’, analiza en detalle el caso español, que, además, es atípico en Europa por tener dos grandes polos de actividad.

“Aunque en principio la productividad de las personas ocupadas en la ciudad tiende a aumentar con el tamaño de esta, los costes ligados a la dimensión frenan el avance económico”, explican los autores del estudio. Este es el resultado de los rendimientos decrecientes que contrarrestan los efectos positivos de las economías de escala y que pueden llegar a colapsar el crecimiento de una urbe. El precio del mercado inmobiliario o el tiempo de transporte son dos de los costes que reducen la productividad en estas grandes ciudades.

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El precio de la vivienda y el alquiler en Madrid y Barcelona han llegado a tal nivel que están expulsando a muchas familias hacia los suburbios. Es cierto que los precios crecen proporcionalmente al número de habitantes de las ciudades, el problema es que en Madrid y Barcelona el crecimiento es exponencial. Esto es, el coste de los inmuebles es superior al que les correspondería por población. En Barcelona, el precio del metro cuadrado tendría que ser casi un tercio inferior para ajustarse a la tendencia del resto de capitales de provincia.

Los rendimientos decrecientes contrarrestan los efectos de las economías de escala y pueden llegar a colapsar el crecimiento de una urbe

La consecuencia de estos precios disparados es que crecen los suburbios y el radio de la urbe aumente en decenas de kilómetros. Esta dispersión dispara el coste de los desplazamientos y la contaminación. En Madrid, el tiempo medio para llegar al trabajo supera los 30 minutos y en Barcelona se sitúa en el entorno de los 27 minutos. Quienes tardan menos de media hora en ir hasta su puesto de trabajo pueden considerarse afortunados.

En ambos casos también se sitúan por encima de la tendencia que marcan el resto de ciudades. Por ejemplo, en Madrid debería ser casi un 20% inferior. De ahí que la diferencia de las grandes urbes sea cualitativa y no solo cuantitativa. Por ejemplo, un atasco dispara el tiempo de los trayectos y estos son mucho más frecuentes en Madrid y Barcelona. Según los últimos datos (del año 2015), los habitantes de las dos ciudades se pasan, de media, más de 10 horas al año en atascos, una situación completamente extraordinaria para el resto del país.

La calidad de vida

Además de la productividad (empleo), el tamaño de las ciudades está íntimamente vinculado a la calidad de vida que ofrecen. Es fundamental para atraer talento, o simplemente mano de obra. En este punto, las grandes urbes se enfrentan a tres grandes problemas que disminuyen su atractivo: la desigualdad, la delincuencia y la contaminación.

Carlos Sánchez

En las grandes ciudades conviven los trabajadores más formados y productivos con ‘mano de obra barata’ sin cualificar. En ningún sitio como en las urbes coexisten la riqueza y la pobreza. Barcelona y, sobre todo, Madrid ocupan los dos primeros puestos en desigualdad de rentas de todas las capitales de provincia. La concentración de ingresos, medida a partir de las bases imponibles declaradas en el IRPF, es casi el doble en Madrid que en las provincias con menor desigualdad.

Madrid y Barcelona también sufren los problemas de conflictividad y criminalidad derivados del crecimiento de las ciudades y la desigualdad. Aunque hay varias causas que explican este cambio, hay dos factores importantes. El primero es que “el mayor nivel de renta hace que las ciudades puedan generar un mayor rendimiento de los actos de delincuencia”, explican los autores.

En ningún sitio como en las grandes urbes coexisten la riqueza y la pobreza

El segundo es que la lucha contra estos actos genera unos costes que crecen exponencialmente con el número de habitantes. Para limitar este gasto, “las ciudades pueden bajar los costes de un crimen reduciendo la probabilidad de arresto”. El resultado es que Madrid y Barcelona son de las pocas ciudades que superan los cuatro robos por cada 1.000 habitantes al año.

Barcelona, un caso extraordinario

En Europa, cada vez es más evidente un fenómeno conocido como ‘efecto capital’. Este concepto sirve para definir todos los factores que atraen actividad económica a las capitales de los países porque es donde se localizan los organismos del Estado. “En su papel como centros de decisión, actúan como puntos gravitatorios para la economía y el empleo, convirtiéndose en facilitadores de innovación y crecimiento, además de centros educativos, socio-culturales y científicos”, explica BBVA Research.

Javier G. Jorrín

El caso de Madrid no es diferente y explica por qué ha crecido tanto la región en las últimas décadas. Sin embargo, España sí que es una anomalía en Europa, ya que cuenta con una segunda ciudad que compite con la capital en importancia. El peso de Barcelona en el PIB o el empleo es superior al de las segundas ciudades del resto de grandes países europeos. Tal es su importancia que Barcelona tiene mayor peso en el PIB de España que Roma o Berlín en el de Italia y Alemania, respectivamente.

 

Por ejemplo, el área metropolitana de Barcelona congrega al 13% de la población de España. Por el contrario, Mánchester en Reino Unido, la región del norte de Francia, la cuenca del Ruhr en Alemania o Milán en Italia no superan el 8% de la población. En cuanto al PIB, Barcelona genera casi el 15% del valor añadido, por encima del 12% de Milán y muy lejos del 5% del Ruhr, Mánchester o Lille.

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Este doble polo de actividad es consecuencia, en buena medida, de la descentralización de España. Si bien no es un Estado federal como Alemania, sí tiene una gran cesión de competencias a las regiones, algo que siempre ha favorecido el desarrollo de Barcelona. La descentralización también ha favorecido la inversión en Cataluña, al igual que ha ocurrido en el País Vasco con Bilbao o San Sebastián. Este nivel de capital ha provocado que Barcelona haya sido, durante siglos, un motor de crecimiento e innovación para el país.

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