En Economía el miedo mata, la estupidez también y más

“Europa está atrapada en unas ideas económicas que ya no sirven”

El autor de ‘Austeridad: historia de una idea peligrosa’ responsabiliza a la nueva oleada conservadora de haber puesto contra las cuerdas a la clase media
Luis Doncel  Madrid 14 ABR 2019
Entrevista a Mark Blyth, escritor y profesor de gobernanza económica, en la Fundación Ramón Areces.
Entrevista a Mark Blyth, escritor y profesor de gobernanza económica, en la Fundación Ramón Areces. ULY MARTIN EL PAÍS 

Una de las cosas con las que más disfruta Mark Blyth es desmontar lo que él llama “ideas económicas estúpidas”. Es lo que hizo en Austeridad: historia de una idea peligrosa, un libro que le proporcionó fama y premios a raudales. Pero la gran preocupación de este profesor de Economía Internacional en la Universidad de Brown no es ahora la austeridad: “La Comisión Europea ya no defiende las reformas basadas en recortes de salarios. Pero volverá, no te preocupes. Son ideas-zombie: por mucho que las mates, siempre acaban renaciendo”, dice con una risotada.

“No es solo la UE. Todos los países avanzados caminan hacia la ‘japonización”

Blyth, nacido en Escocia hace 51 años, dice que la percepción instalada a fuego en la mente de los economistas que más le preocupa es la obsesión contra las subidas de precios. “Todos nuestros modelos tienen a la inflación como gran problema. Aunque hace tiempo que no veamos inflación en nuestras economías, siempre creemos que va a volver y que nos va a matar a todos. Lo más estúpido es preocuparse por la inflación en un mundo en el que el problema real es la deflación estructural”, aseguraba el jueves en la fundación Ramón Areces de Madrid.

El problema de fondo —asegura este economista que, con su look a medio camino entre cowboy y rockero y su discurso provocador, esquiva los tópicos de sus colegas de profesión— es que el mundo ha cambiado y los discursos económicos no se han adaptado. Esta nueva realidad que describe Blyth choca con las normas que Europa se autoimpuso al crear una moneda común. “Los países del euro compraron la idea de que la credibilidad en las finanzas, la lucha contra la inflación y la independencia de los bancos centrales son la llave para el crecimiento. Pero estas ideas tienen 40 años. Y el mundo actual, con China jugando con reglas totalmente distintas y EE UU rompiendo las normas que antes respetaba, es totalmente distinto. Europa está atrapada en unas ideas que ya no funcionan”, asegura haciendo gala de su fama de agitador del establishment.

Al hablar de los errores de Europa, Blyth dirige gran parte de su munición contra Alemania y su obsesión con el ahorro. Bromea cuando se le recuerda el premio que recibió allí en 2015 por su libro contra la austeridad. “Fue una gran sorpresa”, responde en alemán. “No creo que lo leyeran realmente”. Otra risotada.

Pese a que el premio se lo concedió la Fundación Friedrich Ebert, del Partido Socialdemócrata de Alemania, el actual ministro de Finanzas, también socialdemócrata, no se diferencia demasiado en su gestión de su antecesor democristiano. La insistencia en mantener superávits en las arcas públicas no sorprende a Blyth, ya que, asegura, el mito del ahorro y de la prudencia está ineludiblemente ligado a este país. Un mito que resultó letal en la gestión de la crisis del euro.

“La reforma del euro es irrelevante. Ahora importa la política nacional”

“Merkel metió la pata hasta el fondo al decir que los del sur eran pecadores y los del norte eran santos. Cuando dices algo así es muy difícil retirarlo. Y eso envenenó el ambiente. Que cualquier Gobierno alemán esté obligado a ajustarse el cinturón crea una increíble dinámica para los países europeos no tan resistentes. Es muy doloroso para todos los que no pueden jugar ese juego basado en las exportaciones”.

El coautor de El futuro del euro, libro publicado en 2015, ha cambiado su diagnóstico sobre la unión monetaria. Ahora cree que ningún país la abandonará, no por los beneficios de estar dentro, sino porque irse tendría consecuencias catastróficas para los ahorradores. “Es como en la canción Hotel California: puedes entrar, pero no salir”.

“La austeridad alemana crea una dinámica dolorosa para el resto”

Blyth defiende la vuelta de la política como un lugar de confrontación de ideas, en el que la lucha de programas dé lugar a ganadores y perdedores, frente al discurso tecnocrático imperante en los años noventa. “Todos crecían, aunque fuera gracias al endeudamiento. Parecía que todo era posible. La crisis acabó con esa ilusión. Estamos redescubriendo la política. Hay que crear comunidades fuertes”.

Blyth reconoce el riesgo de japonización o estancamiento de la economía, con bajas tasas de crecimiento, inflación y tipos de interés. “No es solo Europa. Todo el mundo desarrollado parece estar yendo hacia el modelo de Japón. Esto no tiene por qué ser una tragedia. Japón es un lugar muy agradable, con la esperanza de vida más alta del mundo. Del resultado dependerán las políticas que adopte cada país. En EE UU, con sus instituciones actuales, el resultado sería horroroso”. Una solución, asegura, sería impulsar la inmigración. Pero eso le parece poco probable. Blyth acusa a la izquierda de su dificultad en aceptar algo que él considera evidente: la gente no quiere más inmigrantes.

Viajó a Madrid para dar una conferencia sobre la gobernanza del euro. Pero las reformas de la unión monetaria que Blyth resume en el concepto “agenda Macron” no le interesan realmente. “Se deberían haber impulsado antes. Pero para hacerlo harían falta unos Estados Unidos de Europa, con una voluntad política clara y unos partidos capaces de articular esas reformas. Es injusto esperar que esto ocurra, porque no hay una legitimación política”, dice.

Por todo ello, el escocés prefiere centrarse en lo que está ocurriendo en la política de cada país. Como España, a punto de tener un partido de ultraderecha en el Parlamento. “Es algo nuevo. Es importante. Hablar de las instituciones europeas es irrelevante. Lo importante está pasando en las políticas nacionales”, señala.

Él es un buen ejemplo de cómo la política con mayúsculas puede cambiar vidas. Huérfano de madre y criado en un hogar humilde de Dundee, ha llegado a profesor en una de las Universidades de élite de EE UU gracias a las ayudas que tenían las familias pobres en el Reino Unido en los setenta. “Gracias a la pensión de mi abuela, nunca pasé hambre”, dice, al tiempo que se muestra convencido de que si hubiera nacido tras la revolución conservadora de Thatcher, hoy no estaría donde está.

Blyth responsabiliza a esta nueva oleada conservadora de haber puesto contra las cuerdas a la clase media. Y apunta a la contención salarial que han padecido los trabajadores. “Al no crecer los salarios pese a los aumentos de productividad, ha habido una explosión del crédito para consumir o para comprar una vivienda. Está bien, no tengo ningún problema con que la gente se endeude, pero solo mientras sus salarios aumenten para que puedan ir devolviendo la deuda”, concluye.

El Brexit: líderes idiotas tratando de mejorar un acuerdo ya muy beneficioso

El escocés Blyth muestra un indisimulado desapego por los líderes del Reino Unido que han metido a su país en un callejón sin salida. Considera el Brexit como un problema creado por las élites gobernantes fruto tan solo de una lucha entre los políticos de centro y de derecha.

“Para la mayor parte de los ciudadanos, el referéndum nunca tuvo que ver con la UE. Imagina que en España se unieran los líderes del PSOE y del PP y fueran a una fábrica de coches y dijeran que la UE es algo grandioso. ¿Qué harían los que les escuchan, que ven cómo sus salarios se han estancado y que llevan años sufriendo las medidas de austeridad? Pues hacer exactamente lo contrario de lo que dijeran esos líderes”, explica.

Pero, en el fondo, Blyth considera que la gran ironía del Brexit es que los británicos nunca terminaron de estar en la UE. No al menos si se entiende la pertenencia a este club como un deseo de mayor integración que desembocara en la unión monetaria. “Nunca iban a entrar en el euro. Tenían su propia divisa y un sector financiero gigantesco. Tenían el mejor acuerdo posible. Y unos líderes idiotas conservadores trataron de conseguir uno aún mejor”.

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