Los trabajos están desapareciendo de todos los sectores ¡a reinventarse y poner más medios!

‘¡SÁLVESE QUIÉN PUEDA!’

“Van a desaparecer hasta los trabajos de camarero y España necesita ponerse las pilas”

El periodista argentino Andrés Oppenheimer publica nuevo libro en el que aboga por una renta básica universal a cambio de trabajo social para paliar los efectos de la automatización
Foto: El periodista argentino Andrés Oppenheimer. (Debate)
El periodista argentino Andrés Oppenheimer. (Debate)

Una renta básica a cambio de trabajos sociales. Esta es la propuesta central del mensaje de Andrés Oppenheimer, histórico periodista argentino, ante las amenazas de paro masivo como fruto de la automatización de los procesos productivos. Dentro de 20 años, el empleo no será nada parecido a lo que es ahora. La entrada en el mundo laboral de los robots, la inteligencia artificial, la realidad virtual y la biotecnología cambiará el escenario de tal forma que se perderán entre el 23 y el 47% de las profesiones que hoy conocemos. Unos porcentajes que varían dependiendo de la fuente que los emita (Universidad de Oxford, la OCDE o diferentes expertos del mundo laboral), pero que reflejan una realidad palpable, y es que la tecnología es el verdadero arma competitiva en la actualidad, más allá de los recursos o las materias primas.

Oppenheimer, una de las caras más visibles de la ‘CNN’ en español, explica en su nuevo libro ‘¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización’ (Debate) los problemas a los que los campos profesionales deben hacer frente cuando el uso de robots se generalice. Se considera “tecnoptimista”, ya que está en nuestra mano llegar a un mundo más justo en el que la riqueza esté mejor repartida, aunque también advierte que la transición hacia el futuro será “dura y traumática”. En este sentido, cree que los robots podrían pagar impuestos en el momento en que sustituyan a los humanos no solo en tareas repetitivas y mecánicas, sino en profesiones tan cualificadas como el periodismo, la abogacía o la medicina. El papel del ser humano consistirá en aplicar el sentido común, interpretar los datos ofrecidos por la máquina y ocuparse voluntariamente de las tareas de cuidados y enseñanza de los demás con el objetivo de poder asumir el coste de una renta básica universal para todos. Hemos aprovechado su breve estancia en Madrid para hablar con él.

Portada de '¡Sálvese quien pueda!'.

PREGUNTA. Los futurólogos a los que da voz en su libro, como Vernor Vinge o Ray Kurzweil, pronostican que la “singularidad”, es decir el momento en el que la inteligencia artificial supere a la humana, llegará entre 2023 y 2045. ¿Cuál es su apuesta personal?

RESPUESTA. En la actualidad hay máquinas inteligentes que ya están haciendo las cosas mucho mejor que los humanos. Por ejemplo, en el periodismo. En el libro cuento cómo en Estados Unidos las noticias de resultados electorales, de empresas o de partidos de segunda división de fútbol ya son escritas por algoritmos. Depende de qué ocupación se trate, las máquinas ya nos superan en muchos aspectos hoy en día, y cada vez más en las próximas décadas. Siempre va a haber cosas que los humanos sabemos hacer mejor que las máquinas. Es un proceso que no ocurre en una fecha determinada, sino gradual.

P. Por otro lado, la creatividad, el sentido común o la imaginación son atributos típicos de los humanos que supuestamente nunca alcanzarán las máquinas. ¿O si?

R. Uno podría pensar que una labor como la de los jueces no podría ser sustituida. Pero ya hay estudios realizados que muestran que los algoritmos toman decisiones judiciales mucho más ecuánimes en determinados casos. En Israel se hizo un experimento con varios jueces de tráfico a lo largo de un período de varios meses. A las nueve de la mañana eran súper magnánimos, a medida que avanzaba la mañana se ponían más irritables y tenían más hambre; era casi siempre a partir de las doce del mediodía cuando ponían las multas más severas. Luego, se iban a comer, volvían de buen humor y a ser muy magnánimos en sus veredictos. Y a medida que avanzaba la tarde, se cansaban más, tenían más hambre y su carácter era más severo. Un algoritmo no se cansa, no tiene hambre, no le baja el azúcar, y puede hacer este tipo de labores con mucha más ecuanimidad que un juez humano. Hay muchos trabajos que pensamos que finalmente serán suplantados, otros no. Por ejemplo, los maestros. Todo lo que tenga que ver con impartir conocimientos va a ser robotizado.

El movimiento antirrobotización será grande y hará mucho ruido, pero en ningún caso podrá parar la automatización, es imparable

Aquí en Estados Unidos se presentó al Profesor Einstein, un robot pequeño que enseña matemáticas, física y química y puede impartir conocimientos mejor que un humano porque no se cansa. Tampoco tiene horario de trabajo. No tiene sentido que un niño aprenda quién descubrió América de la boca de un maestro, porque todo lo que sea recibir conocimientos ya puede hacerlo con música o vídeos. Y de una forma más entretenida, más didáctica. Todo lo que tiene que ver con transmitir información ya lo va a hacer un robot. Los maestros van a seguir existiendo, solo que ahora harán algo mucho más importante: reinventarse como educadores que van a ayudar a los niños a encontrar su vocación, inculcarles valores éticos y morales o el trabajo en equipo. Los maestros ya no van a ser transmisores de información sino formadores del carácter de los jóvenes.

P. En el libro pone especial énfasis en los robots Alexa de Amazon en Estados Unidos y, por otro lado, en la cultura laboral robótica que existe en países como Japón y Corea del Sur, donde los hoteles y restaurantes ya están automatizados. ¿Se podría decir que estamos viviendo una “robot wars”, similar a la guerra de las galaxias entre Estados Unidos y Rusia del siglo pasado?

R. Sí, hay una carrera mundial, pero no solo en robótica, sino en biotecnología o inteligencia artificial. Hoy en día la rivalidad de las potencias pasa por la tecnología, no pasa por los recursos naturales ni las materias primas. Los cambios que van a venir lo van a hacer mucho más rápido de lo que pensamos. Así como en los últimos 20 años hemos visto un movimiento antiglobalización, en los próximos 20 viviremos uno de antirrobotización, porque los robots van a producir un profundo desempleo y adicción a las redes sociales que nadie va a saber gestionar. Esto traerá consecuencias negativas y tendrá una reacción. Pero al igual que sucedió con la globalización, creo que este movimiento va a hacer mucho ruido en unos pocos años, pero no va a poder detener este fenómeno que, para bien o para mal, va a ser imparable.

P. En este sentido, ¿una de las mayores causas de desigualdad en los próximos años será el nivel de progreso entre las distintas sociedades en inteligencia artificial y robótica?

R. Una de las sorpresas más llamativas que hallé a la hora de hacer este libro es que los países más afectados no van a ser los más industrializados o desarrollados, como pensaba en un primer momento, sino los grandes dependientes de las industrias manufactureras, como China o México, porque lo primero que van a hacer de manera más fácil son los trabajos mecánicos o repetitivos. Pero cuidado, que en países como España también va a haber una gran crisis por esto. Por ejemplo, en el sector turístico.

Los trabajos están desapareciendo de todos los sectores, se trata de un fenómeno silencioso. Hay que reinventarse

Fui a Japón y vi que los hoteles y restaurantes eran atendidos por robots. Y aunque todos los camareros no van a desaparecer de España, este tipo de servicios están a punto de caer. Entré en un hotel japonés en el que los conserjes eran robots. En total, había solo una persona para gestionar un complejo hotelero de 100 habitaciones. Yo no digo que toda la industria se vaya a robotizar, pero sí que tendrá un fuerte impacto. Ya no va a hacer falta el contacto con el camarero para pedir el menú o tener mesa.

P. El “cloud computing” permite que todos los robots estén conectados entre sí y acceder a la experiencia de los demás, aprendiendo unos de otros de forma colectiva. Se trata de un proceso que ya está en marcha y cada día crece más.

R. Sí, claro, la teoría esta de que los robots nos van a reemplazar no es inédita. La llevo escuchando desde hace décadas. Pero lo que está ocurriendo ahora es un fenómeno nuevo. Los robots son cada vez más inteligentes y más baratos. Están todos conectados a la nube y todos aprenden de sus respectivos aciertos y errores. Todas las tecnologías nacen y tienen un crecimiento sostenido hasta que se disparan.

Muchos creen que las máquinas acabarán dominando a los humanos. A mí lo que me preocupa es que se vuelvan locas

En 2007 se introdujo el smartphone y su comercialización se disparó, y hoy en día dependemos de nuestros iPhones para todo. No podríamos pensar nuestra existencia sin un teléfono inteligente. La tecnología normalmente tiene un periodo de latencia y de repente se masifica. Eso es lo que está pasando ahora con los robots, ya han pasado su fase de espera, ahora se van a extender. De alguna forma es parecido a la evolución científica de los seres humanos, solo que en este caso va muchísimo más rápido. Parece que lo que nos ha costado siglos a nosotros, a las máquinas tan solo les costará unas pocas décadas.

P. Tampoco piden vacaciones ni aumentos de sueldo, y pueden trabajar a destajo. Pero al igual que los ordenadores se colapsan o los móviles se estropean de vez en cuando, ¿convendría confiar ciegamente en que harán su trabajo de forma correcta en profesiones tan sensibles como las de cirujano, juez o agente bancario?

R. Bueno, yo creo que siempre hará falta un humano con sentido común para supervisar el trabajo de los robots. Yo empecé escribiendo este libro a raíz de un estudio de la Universidad de Oxford que aseguraba que el 47% de los trabajos estaban inmersos en este proceso. Y me pareció una cifra muy exagerada, pero empecé a observar mi entorno y me di cuenta de que ya estaba pasando. Por ejemplo, antes grababa mi programa de televisión con cinco cámaras, ahora no tengo ni uno, las máquinas lo hacen solas. Antes tenía un traductor para mis columnas y ahora el periódico usa el traductor automatizado de Google. En todos los sectores están desapareciendo trabajos, se trata de un fenómeno silencioso. Tenemos que reinventarnos o nos quedaremos atrás.

P. ¿Qué pasaría si, como menciona en el libro, las máquinas ya no quieren obedecer o se vuelven locas a raíz de tanta cantidad de datos memorizada?

R. Mientras que muchos se preocupan por un futuro en el que las máquinas acaben dominando a los humanos, a mí me preocupa más que las máquinas se vuelvan locas. A mí me pasó con Alexa (el robot doméstico de Amazon, cuyo consumo está muy extendido en Estados Unidos). Un día que estaba solo en casa se encendió. Pensé que era un ladrón y agarré el primer objeto sólido que encontré para hacerle frente, caminé hacia el salón con el corazón latiendo y resultó ser que se había encendido sola y había un locutor leyendo las noticias. Llamé al servicio de atención al cliente y lo primero que me preguntaron fue que si había otra persona en casa. Probablemente había escuchado la palabra de voz “Alexa” y por eso se había encendido. Yo le dije que no, y ellos me dijeron que se trataba de un error “técnico”. Inmediatamente pensé en que los robots hagan operaciones “a corazón abierto” y se equivoquen. ¿Qué nos dirán los responsables? “Uy, perdón, ha habido un error técnico”. Por eso, mi mayor temor a día de hoy no es que los robots nos dominen, sino que se vuelvan locos.

P. A lo mejor de repente surge en ellos una conciencia colectiva que abandone la funcionalidad y que les haga pensar que están viviendo una situación injusta, ya que siempre están trabajando para nosotros. En ese caso, ¿habrá sindicatos de robots en el futuro?

R. Eso ya es un poco más remoto, por el momento lo que sí se está pensando es que los robots paguen impuestos. Si el robot me va a quitar mi empleo, que pague impuestos como hago yo. Es lo que dice gente como Bill Gates. Esto es un fenómeno global que marcará la agenda política de los próximos 20 años y creo que ya lo estamos viendo, pero no lo estamos reconociendo.

China debe preguntarse qué hacer con sus miles de millones de trabajadores en el proceso de automatización

Cuando Donald Trump acusa a los inmigrantes mexicanos de acabar con los empleos y bajar el nivel de los salarios, le está echando la culpa a los indocumentados. No es su culpa, sino de la automatización del trabajo. Los inmigrantes mexicanos no trabajan en las fábricas de automóviles de Detroit, sino de jardineros o agricultores. No en estas industrias que Trump quiere rescatar. En varias partes del mundo estamos viendo un resurgimiento de los populismos gracias a gente que ha visto un deterioro de su calidad de vida por culpa de la automatización. Es un fenómeno imparable, no tiene sentido rebelarse contra él.

P. ¿Entonces el movimiento antirrobotización del futuro no tendrá nada que hacer frente a este escenario?

R. Yo creo que sí que va a ayudar a controlar ciertos excesos de la automatización y la tecnología, en general. Las redes sociales están causando una gran dependencia, propagando noticias falsas, produciendo adicción que provoca depresión y hasta suicidios. Eso no significa que haya que acabar con ellas, pero creo que debe haber movimientos críticos para concienciar a las personas de los peligros que plantean los excesos. Ojalá sea así. Esto es como todo, tiene un lado muy positivo y otro muy negativo. La energía nuclear nos ofrece electricidad más barata pero también fabrica armas atómicas, depende de cómo la usemos.

P. La robótica permite reducir costes, aumentar la rentabilidad o disminuir los tiempos de producción. ¿Cree que los gobiernos de todo el mundo deberían apostar por políticas de desarrollo tecnológico en vez de planes para luchar contra el desempleo?

R. Yo creo que es inevitable. China ya lo está haciendo. Es el país que más robots industriales está produciendo del mundo, el que más está automatizando su fuerza laboral. La pregunta aquí es qué van a hacer con los miles de millones de empleados que tiene. Ellos ya han decidido que lo principal es mantener y aumentar su competitividad, y para ello tienen que robotizar sus fábricas. Lo están haciendo a toda máquina. Los países que no lo hagan van a verse afectados por una competencia que va a producir productos mejores y más baratos. Un robot trabaja tres turnos seguidos, no pide vacaciones, no pide aumento de sueldo.

La transición hacia un mundo automatizado va a ser traumática y va a fomentar la desigualdad social

Creo que todos los países van a tener que sumarse a la automatización del trabajo. Esto en última instancia puede ser bueno. Yo me considero un tecnoptimista a largo plazo, porque creo que esto va a producir sociedades más ricas y los productos van a ser más baratos. En definitiva, va a aumentar la productividad y va a haber más ingresos disponibles. Pero a corto plazo, soy tecnopesimista porque la transición va a ser muy traumática.

P. España es un país que todavía no tiene conciencia de lo que viene frente a otros gigantes tecnológicos como Japón y Corea del Sur.

R. España va a tener que ponerse las pilas, porque nadie habla de este tema aquí y es algo que ya está pasando. Todo son trabajos que están desapareciendo. Dentro de poco llegará a los supermercados, hoteles, restaurantes… Esto no es un tema que afecta a solo los países más desarrollados, afecta a todos y cada uno de ellos. Hay que prepararse y reinventarse porque esto afecta a todos los niveles, el personal, el familiar y el nacional. Esto no lo para nadie.

P: También menciona un “socialismo tecnológico” en el que por fin los robots cumplen el sueño marxista de que los humanos sean los dueños de la economía, y no al contrario, para así traer el equilibrio financiero entre los diferentes mercados. ¿Es esto posible? ¿Las crisis económicas podrían evitarse?

R. Siempre hay ciclos económicos, períodos de bonanza y recesión, y realmente creo que los va a seguir habiendo, pero a la larga la automatización nos va a llevar a un mundo mejor, como ha pasado toda la historia. Hoy en día vivimos más años y mucho mejor respecto a hace mil años. Siempre que alguien cuestiona si vivimos en un mundo peor, yo le digo que imagine ir al dentista hace 200 años, cuando no existía la anestesia. El mundo es cada vez mejor, pero no es un fenómeno lineal, sino altibajos. La tendencia general es la del avance. La transición hacia un mundo automatizado va a ser traumática, va a fomentar la desigualdad social. Un ingeniero no va a tener mucho problema para ser analista de datos, pero la señora que trabajaba de cajera en un párking, va a ser difícil que se reinvente como analista de datos en 24 horas. Bueno, van a poder reinventarse más rápido aquellos que posean niveles más altos de educación. Con eso corremos el riesgo de aumentar la desigualdad, sí. Vamos a tener todos que estudiar de por vida. Como las máquinas, formación continua.

P. El tema de una renta básica universal cada vez está más en el centro de los discursos políticos de uno y otro espectro ideológico. ¿Llegará un momento en el que los robots paguen las pensiones y haya subsidios por no trabajar en la mayor parte de los países desarrollados?

R. Yo creo que vamos a ir a un mundo en el que no todos van a poder trabajar. El concepto del trabajo va a cambiar. Mucha gente va a recibir un salario básico universal a cambio de trabajo social, que hoy día despreciamos o miramos con cierto desdén, pero que será valorado tanto o más que los que hoy llamamos trabajos profesionales. Mientras que muchos de nosotros sigamos considerando el trabajo como algo esencial, va a ser difícil pagarle un salario a la gente para que se quede en su casa.

Tal vez volvamos a una época en la que todos seamos aristócratas y las máquinas sean los plebeyos que realizan el trabajo

En cambio, creo que sería mucho mejor dar una renta básica a cambio de trabajo social. Si eres bueno en matemáticas, dedícate a enseñar a otra persona que no lo es, si eres bueno cuidando ancianos, podrías encargarte de cuidar de los ancianos. Es decir, vamos a un mundo en el que los que sean desplazados por los robots van a cumplir una labor social. Hay quienes proponen una renta básica universal. Otros no están de acuerdo. Yo creo que hay que buscar un punto intermedio, y eso pasa por pagar una renta a quienes desempeñan un trabajo social y jerarquizar y valorizar a quiénes lo hagan así.

P. La concepción positiva que tenemos hoy del trabajo no ha existido siempre. Hubo otra época en la que, sobre todo entre la aristocracia, estaba mal visto trabajar. ¿A qué se debió esta inversión de significado?

R. Mi generación y la que vino después ya estuvieron marcadas por esta concepción de que el trabajo agregaba un propósito a nuestra vida. Pero quién sabe si de aquí a 100 años ya no sea así. En la Edad Media, los aristócratas no trabajaban, se dedicaban a tocar el arpa, leer poesía y al arte de la conversación. Los que trabajaban eran los plebeyos, que eran mal vistos. Con la revolución industrial surgió la escuela prusiana y la educación moderna que inculcó a los niños la idea de que hay que trabajar y de que el empleo es un factor esencial en el propósito de nuestra existencia. Pero es un fenómeno relativamente reciente. Quién sabe, quizá volvamos a lo anterior. Tal vez volvamos a una época en la que todos seamos aristócratas y las máquinas sean los plebeyos que realizan el trabajo.

P: ¿Qué función tendrá el humano dentro de la sociedad cuando ya no sea necesario trabajar? ¿Habría una crisis de sentido global?

R: Bueno, no sé, quizás no. Quizás las nuevas generaciones cambien la forma de pensar y se dediquen a bailar y a meditar, y el resto del tiempo a realizar trabajo social y ayudar a quienes más lo necesitan.

P. Al margen del ámbito laboral, los avances en robótica se están empleando en otros campos, como el pornográfico o el sexual. ¿Llegará un mundo en el que haya personas enamoradas o casadas con robots?

R. Ya lo reflejan algunas películas, como ‘Her‘. Trata de un hombre que se enamora de un robot que se autoprograma para complacerlo. No es un robot como otro cualquiera, gracias a la inteligencia artificial se adapta a las necesidades del hombre: le gustan las mismas películas, tiene el mismo sentido de humor, cocina lo que le gusta, etc. Ahí ya entramos en el plano de la ciencia ficción y todavía es un poco pronto para creer este tipo de historias.

Si no pensamos en una renta básica emanada del trabajo social, va a haber muchas personas desempleadas y deprimidas

Pero lo que está claro es que el amor ya se está robotizando, tan solo desde el primer momento en que la gente se conoce a través de aplicaciones para móvil que usan algoritmos para unir a las personas. De alguna manera, lo que parecía impensable hace apenas 10 años ahora ya es toda una realidad. Si tú le hubieras dicho a alguien hace 10 años que la mayor parte de la gente de ahora se casa después de haber sido presentados por un algoritmo que decidió juntarlos, pues no se lo habría creído.

P. La inteligencia artificial también juega una parte muy importante en el plano afectivo. ¿Podrán los seres humanos habitar una existencia virtual con sus respectivas parejas que solo existen una vez se ponen las gafas?

R. Por supuesto. Pero la realidad es menos apocalíptica. Yo soy un tecnoescéptico a corto plazo pero tecnoptimista a largo. Hoy en día muchas personas pasan infinidad de horas sentadas frente al televisor, viviendo vidas ajenas. Yo creo que va a haber lugar para todo, pero eso va a ir viniendo.

P. Para finalizar, ¿cuáles serían las recetas a tener en cuenta para países como España, tanto a corto, medio y largo plazo?

R. Primero, tomar conciencia de la automatización mundial, ponerlo en el centro de la discusión política y decidir en qué se va a especializar cada país, así como sus ventajas competitivas. Empezar a pensar en programas de rentas básicas emanadas del trabajo social. Si no es así, vamos a tener una gran masa de gente desempleada y deprimida, aunque le paguemos un salario básico universal.

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